¡MIRADA INTERIOR! CON EL CORONAVIRUS

En este período de confinamiento absoluto en el que nos encontramos los que no realizamos «servicios esenciales», apreciamos cómo se nos reduce el campo de visión a las dimensiones de nuestras viviendas. Y esa reducción del «campo visual» nos invita a la introspección, a volver la mirada a nuestro interior, a hacerlo desde la escala personal hacia la global y regresar al punto de inicio, como si de una ruta turística circular se tratara.

En la escala personal piensa una en la genialidad de Quino, el padre de Mafalda, cuando puso en su boca y en su silueta de niña «marisabidilla» la siguiente expresión: «Paren el mundo que me quiero bajar». Y pienso en lo bien que puede venir una parada «a tiempo». Ampliando el campo de visión, logro reflexionar una vez más, sobre lo insostenible que ha sido el desarrollismo humano en los dos últimos siglos de nuestra corta existencia como especie. En ese tiempo se ha perdido la sincronía de los humanos con la rotación del planeta. Somos los únicos seres vivos que dedican parte de su energía a destruir la casa donde habita. Y esta pandemia sólo parece ser un aviso de la Pachamama sobre lo que está por venir, si no se recupera el paso.

En nuestro pedazo de planeta Tierra llamada España, hemos parado las industrias, los colegios, los centros comerciales, los aeropuertos y puertos, las universidades, los cines, los teatros, los estadios y hasta las iglesias. No sólo los hemos parado, los hemos vaciado y despoblado, quedando éstos como infraestructuras inertes sin vida, sin sonidos vitales. También los hemos silenciado. Y entre tanto silencio del bullicio humano, nos sorprendemos de tanta vida, porque la vida continúa, a pesar de nuestra ausencia temporal.

Y si hacemos un zoom y miramos hacia nuestro universo más cercano, vemos 8 pedacitos de tierra volcánica que hacen frontera con el atlante océano. Y, vuelvo a caer en la cuenta de su vaciado parcial (interior) o total, producido desde hace algo más de 50 años. Y no por una pandemia vírica, sino por la llegada del turismo de masas que, atraídas por nuestras costas soleadas, incitan a la litoralización de la población residente en Canarias que, hasta entonces vivía cerca de donde se extraían los recursos vitales.

Ahora que estamos parados y con tiempo para mirar hacia adentro, debemos ser conscientes de la importancia de los productores de alimentos, de nuestros agricultores y de ese oficio al que Cicerón, allá por el siglo 55 a.C. dedicó éstas palabras:»La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para el hombre libre».

Y para cerrar el viaje circular-reflexivo vuelvo al punto de inicio, donde me formulo una pregunta que comparto con los lectores: ¿Cómo puedo contribuir para dignificar ese noble e imprescindible oficio, promover la repoblación de las Canarias vaciadas, promocionar el turismo rural y sostenible, favorecer con ello la conservación de la cultura agrícola y la agrodiversidad y la soberanía alimentaria de las islas cuando salgamos del confinamiento?

Se me ocurre que hay cosas que se pueden hacer YA, desde el confinamiento:

  • Reconocer, valorar y publicar el trabajo que están haciendo en éstos duros, muy duros momentos (imagen y texto inferior)
  • Adquirir, en la medida de nuestras posibilidades, económicas y de accesibilidad, los productos agroganaderos que se cultivan en nuestras islas vaciadas, alimentos ricos, sanos, cercanos y frescos con los que apostar por nuestra soberanía alimentaria.
  • Enseñar a nuestros niños-as y jóvenes la importante labor que han desempeñado en el pasado y siguen haciendo en la actualidad los agricultores y ganaderos, la multitud de servicios ecosistémicos que realizan con su presencia y trabajo en el espacio rural de las islas.
  • Divulgar entre nuestros amigos y familiares, la belleza y riqueza cultural y gastronómica de los espacios rurales de Canarias.
  • Aprender de las «lecciones de vida» que nos proporcionan nuestros Sabios Guias Intérpretes, de sus conocimientos adquiridos a lo largo de los años de escuchar y mirar a sus mayores y a la naturaleza.

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Bocao (bancal de pequeñas dimensiones, 6 celemines) localizado en Acusa Verde (Artenara). Pertenece a Miguel Medina (SGI de la ruta de Gran Canaria) en el que se puede apreciar la tarea de guarda de la agrodiversidad y de paisajista rural de su propietario. En el momento de la fotografía tenía plantadas: papas negras, judías betiás, millo, tomates de ensalada, tomates cherry, pepinos, berenjenas, remolachas, puerros, 3 variedades de lechugas y, previstas la plantación de cebollas rojas y blancas.

 

Esos hombres y mujeres que siguen viviendo en el interior vaciado de Canarias, esos sabios y sabias de la tierra, de las semillas, de las piedras, del agua, han sido, son y seguirán siendo parte sustancial de los SERVICIOS ESENCIALES. Nuestros sabios y sabias del Programa Sabios Guías Intérpretes, ahora más que nunca, se merecen que paremos un momento en este confinamiento y que, utilizando cualquier instrumento sonoro que tengamos a mano (palmas, chácaras, tambores, palos, sachos, piedras, silbos…) manifestemos nuestro más sincero agradecimiento por tantísimos servicios prestados. Un aplauso muy especial a los 40 sabios de rincones de todas las islas Canarias que aportaron sus experiencias y conocimientos sobre los paisajes agrícolas en bancales. Haremos con ellos y con nuestros 12 coordinadores insulares un brindis sonoro, con vinos canarios, cultivados en nuestros bancales, cuando las circunstancias nos lo permitan.

Lidia Esther Romero Martín

Coordinadora de la II Guía Canaria de SGI

Profesora en la Facultad de Geografía e Historia 

Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

 

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